domingo, 12 de agosto de 2007

El viaje 2006 - Parte 1

Empiezo este relato escuchando música instrumental hindú en mi cuarto de hotel en la ciudad de Khajuraho en India. Ando un poco melancólico.
Resumir en un correo las experiencias vividas hasta ahora en 46 días es algo difícil, trataré de contar los aspectos más importantes o que más han significado para mí.
Todo empezó un miércoles 5 de abril en la noche (empezó realmente mucho tiempo atrás, con los planes y preparativos; pero el viaje empieza ese día).
El primer trayecto del viaje fue desagradable en el sentido de la pestilencia del autobús y lo insoportable del olor, afortunadamente empecé ese trayecto con Marian, y gracias a ella el camino no fue tan insoportable. El 6 de abril volé de Cancún a Dallas, todo perfecto en migración, ya agarré la maña de buscar oficiales de migración de la tercera edad o mujeres. Es todo mucho más fácil, son mucho más inteligentes y usan mejor su sentido común.
Tuve que esperar como 6 horas en Dallas para tomar el vuelo a Gatwick en Londres. Recorrí el aeropuerto de pies a cabeza, para matar el tiempo me metía en el trenecito interno que recorre las cuatro terminales. Jajaja, que más podía hacer, quería leer mis guías de viaje hasta estar en el avión y tuve que entretenerme con algo.
El vuelo de Dallas a Londres fue interesante, nunca había estado tantas horas en un avión y la simple idea de cruzar de un continente a otro me tenía muy entusiasmado y nervioso al mismo tiempo. Me entretuve con la pantalla individual de los asientos y los canales de audio, nos daban líquidos a cada rato para evitar problemas con las articulaciones, nunca sentí tan pesado el vuelo. Fue bastante entretenido.
Aterrizamos en Londres y empezó la adrenalina a correr nuevamente. Ya sabía que tren tenía que tomar del aeropuerto al centro de la ciudad de Londres, pero bueno, el nervio de estar allá por primera vez no es algo fácil de tapar. En migración, no pude elegir, y me tocó un oficial (obviamente hombre y joven), que me pidió una prueba de que iba a regresar a México, me preguntó también detalles de mi viaje y puso cara de británico invasor cuando vio mi visa para la India, en fin, después de ese desagradable incidente, y después del tren que me llevo a la estación Victoria, caminé hasta el hotel con toda mi carga. No contaba con las calles en subida de Londres, me perdí dos cuadras pero nada grave. Llegué al hotel y después de explicarles que perdí una noche por tonto (calculé mal los horarios y pagué la noche del jueves también… daaaa), me dieron las llaves del cuarto. Es el cuarto más pequeño de hotel en el que he estado en mi vida, el baño medía sin exagerar 60 cm. x 2 metros, es el clásico baño en el que puedes lavarte los dientes y leer el periódico al mismo tiempo.
Dormí unas dos horas porque sentí que me pegó el jetlag y salí a caminar por la ciudad. Londres es precioso, muy seguro, limpio y desgraciadamente por la época en que fui, lleno de turistas. Sólo tenía día y medio así que aproveche para caminar mucho durante ese día y noche y la mañana siguiente. El sábado volé en la tarde para Roma. El vuelo muy tranquilo por EasyJet. Si alguien visita Europa en un futuro próximo les recomiendo mucho ver con algunas semanas de anticipación los vuelos dentro de Europa con esa aerolínea, es una de las líneas de bajo costo y se llena muy rápido, –no pidan los sándwiches, además de caros saben muy mal, -ya aprendí Beto- llegué al aeropuerto Ciampino en Roma; es el aeropuerto piojo de los vuelos baratos, está un poco más lejos de la ciudad y no es tan fácil transportarse a Roma ya de noche.
Beto (mi hermano y amigo) fue por mí al aeropuerto. Nos fuimos del aeropuerto en un taxi a una estación de metro o tren, ya no recuerdo, de allá yo me fui en camión hasta donde sale el tren ligero que recorre una avenida llamada Trastevere, estaba bastante desorientado por ser de noche, y por ser Roma.
No necesariamente todos los caminos llevan a Roma como decía Julio Cesar. Beto fue en una moto prestada a la estación y el me hacía señas y brincos en la calle para que lo vea y sepa donde bajarme. Llegué después de cuatro transportes diferentes del aeropuerto al Colegio Mexicano. Esté colegio es como un seminario (ya se que no es un seminario Beto, pero es para que me entiendan todos), es un lugar muy grande en el que viven los sacerdotes que estudian o trabajan en Roma de todas las diócesis mexicanas, básicamente el Colegio consta de cuartos, un comedor, biblioteca, capillas, cuartos de invitados, jardines (muchos), una alberca, canchas y todo lo necesario para alejar tentaciones, jajajaja.
Esa primer noche en Roma, después de conectar la lap a la red de Internet interna del colegio y desapendejarme un poco del viaje y lo demás, salí con Beto (Beto es un sacerdote campechano que después de andar recorriendo muuuuuchos lugares para hacer estudios o trabajos, ahora está en Roma, y por cierto, uno de mis mejores amigos) a pasear por las calles romanas y hacer lo que los romanitos hacen para divertirse, o sea, tomarse una cerveza en la calle, buscar por un “taglio” de pizza y ponerse platicar.
Roma es un caos en cuanto a vialidad se refiere, Italia es el país de la moto (por lo menos eso es lo que pensaba hasta que llegué a Bangkok), de las Piaggios, etc.…
Salí a caminar al día siguiente y conseguí que un sacerdote yucateco “el cuñado” (sacerdote que no conocía por cierto) me prestara su moto, se que es una inconsciencia, pero fue muy divertido. Por dos motivos, el primero, no tengo moto ni experiencia de manejar motos, segunda, no conozco Roma y los romanitos manejan literalmente con las patas, nadie respeta las leyes de vialidad y sentido común en Italia, manejan como locos y se estacionan donde les de la gana. Aunque ahora que ando en la India, Italia es un gatito comparado con este tigre de país. Acá de plano no hay leyes para vialidad.
Pero bueno, después de llevar en un papel la secuencia de las calles que debía usar y tener por lo menos dos mapas diferentes de la ciudad, salí a conocer y a impresionarme de la arquitectura.
Así pasaron dos días, disfrutando las comidas de las monjas mexicanas que fueron importadas por los administradores del colegio para cocinar, y etc., salir a caminar, tomar muchas fotos y disfrutar de las muchas cervezas europeas que hay.
Salí con Beto el lunes 10 para Pisa y después a Florencia, todo por tren, es el medio más lógico, cómodo, seguro, rápido y económico para viajar dentro de Italia, estoy llevando muchos tips y consejos para los que vengan a Italia y usen los trenes.
Pisa es muy interesante y con arquitectura sorprendente, de Pisa lo mundialmente conocido es su torre inclinada, pero casi no se sabe de la catedral y el baptisterio que están pegados a mano izquierda de la torre. Detalles de arquitectura impresionantes y muy bellos. Después de unas horas en Pisa y disfrutar mi primer (de muchos) panino con prosciutto crudo de Parma, salimos para Florencia. Tenía demasiadas expectativas de la ciudad, soy un huiro, lo sé, pero después de ver la película Hannibal Lecter y ver la plaza principal, las palomas volando y los edificios, me enamoré de esa ciudad y sabía que tenía que ir.
Nos hospedamos en un hostal muy limpio, cómodo y muy bien situado, fue mi primer experiencia con los baños compartidos, o sea, cuartos sin baño y como dos o tres baños para todos los cuartos.
Florencia superó mis expectativas, a pesar de un clima medio nublado (horrible para fotografiar) y las hordas de turistas, disfrute mucho esa primer noche allá, por cierto, fuimos a comer a un restaurante muy bueno, Acqua al 2, se pronuncia acualdue. Tienen un página en Internet y una sucursal en alguna parte que ahora no recuerdo de USA.
Al día siguiente el %/$(=(¿ Beto se regresó a Roma porque TENÍA que continuar con su tesina final, y yo me cambié de hostal. El nuevo hostal, llamado Hotel Berna, muy cerca de la estación principal de tren fue una prueba difícil. Desgraciadamente no le tomé fotos al cuarto, pero creo que me basta con decir que encadene mis cosas al calentador que había en el cuarto por temor a algún asalto. Había cucarachas por cierto. Lo reconozco, esos dos días no me bañé, el baño (obviamente compartido, estaba… sucio, no necesito escribir más). Parecía un hostal sacado de las películas, de esos donde escuchas balazos y tarugada y media. Perdí mi teléfono en el cambio de hotel y allá acabó mi comunicación diaria e inmediata con mis amigos, familia y novia.
Esa noche recuerdo que fui a un café Internet y me desahogué por el messenger.
Era en teoría esa, la primera noche que pasaba sólo en un país donde no conozco el idioma. El idioma italiano es fácil de leer y tratar de hablar, pero no todo es parecido al español, y además los italianitos, no se les da la gana aprender a hablar otros idiomas, son demasiado importantes para hacerlo, finalmente el turismo llegará todos los días, todos los años.
Trate de pasar los dos días restantes, caminando y conociendo, pero en el fondo ya quería regresar a Roma.
Salí para Venecia desde Florencia, con las expectativas nuevamente al 100%. Para llegar a Venecia a la hora que quería, tuve que cambiar de tren en… no me acuerdo, pero cambié de tren. Llegué a Venecia y lo primero que hice fue comprar mi biglieto de regreso para Roma, era plena semana santa y éramos muchos turistas en la zona. Utilicé las maquinitas de biglieto veloce, o sea, las maquinas tipo cajeros electrónicos donde compras los boletos y pagas ya sea con tarjeta o con euros. El maldito sistema se fregó segundos antes de que se imprimiera mi boleto y claro después de haber pagado. Llamé a alguien de la compañía para reportarlo, pero no quería dejar mi lugar en la máquina, finalmente podía salir el boleto en cualquier momento o algo así. Me atendieron en mitad italiano y mitad inglés italianizado y descubrí la burocracia italiana. Me tuvieron esperando casi dos horas mientras ellos llamaban a Roma para recibir instrucciones, afortunadamente habían ya impreso las operaciones realizadas en el cajero y salía la mía ya pagada, sólo estaban esperando que en Roma les dijeran que sí podían imprimirme otro boleto. Como diría Obelix y Asterix: están locos estos romanos.
Finalmente, y después de una larga espera, me dijeron: no te podemos regresar el dinero, así que te daremos el boleto. Me quería reír, pero me aguanté, y les dije, está bien, dame el boleto…. Sin palabras.
Estaba en Venecia Mestre (así se llama la estación) y desde allá, con las instrucciones impresas del hostal en el que me quedé, caminé y llegué a mi tercer hotel, el Belvedere, ese hostal igual de baños compartidos, estaba limpio y tenía una computadora con Internet para los huéspedes. Quizá el único “pero” de ese hotel eran las cerraduras de los baños, estaban muy viejitas y se atoraban, creo que me quedé atorado como quince minutos antes de que con paciencia logré abrir la puerta.
Venecia es una maravilla de ciudad. Cabe mencionar que este viajecito de tres meses y medio que estoy haciendo tiene tres objetivos principales: Venecia, India y Paris. Por lo que, tenía mis expectativas al 200%. Después de tomar un tren que tarda como 15 minutos de Mestre a Venecia Santa Maria Novella, (que es la estación que está en el Venecia que todos conocemos) salgo de la estación y esa primera imagen no se me va a olvidar nunca. El canal principal, las góndolas, los tragethos o taxis acuáticos, la gente, los edificios, los palazzos, las piazzas, etc. Es una imagen difícil de borrar. Venecia es increíble. Lástima de los grafittis, bueno, toda Italia es un graffiti, desgraciadamente hay demasiado, pero DEMASIADO vandalismo en Italia y es una tristeza ver casas y calles enteras llenas de decoraciones urbanas.
Venecia es un laberinto, después de cruzar el primer puente importante, (son cientos de puentes, pero sólo tres atraviesan el gran canal) te sientes protegido por tener tu mapa en la mano, pero después de tres minutos de descubrir el ancho de las calles (algunas de 90 cms.) y la escasez en muchos casos de señales, optas por guardar tu mapa y dejarte llevar por la gente, por las señales que hay en las calles o por el instinto. Conocer toda Venecia, a pesar de no ser tan grande, llevaría meses, es un laberinto enorme la ciudad, pero un laberinto muy divertido y siempre conoces algo nuevo en cada callecita. Descubrí un lugar genial, tipo carnicería, que fue mi proveedor diario de paninos de fromaggio y prosciutto crudo. Los extraño.
Después de caminar y caminar y pensar….-creo que por esta callecita ya pase varias veces- llegue a la plaza principal. Y otra vez, de Venecia lo mundialmente conocido son sus puentes, góndolas y gondoleros y canales, pero no es muy conocida su catedral, sus plazas, sus iglesias, su torre y su plaza principal, la plaza de… el nombre se me está perdiendo, pero creo que es la plaza de San Marco. Tomé fotos como loco y lo mismo al día siguiente. Todo un éxito mi experiencia Veneciana, mi primer objetivo del viaje se cumplió y superó a nivel expectativas personales, artísticas y fotográficas.
Creo que le bajaré a los detalles, ya llevo cuatro páginas para sólo nueve días de mi viaje. Mi intención es compartir con todos lo que he pasado en el viaje, no aburrirlos.
De Venecia regresé a Roma y después de unos días en Roma, de más experiencias motorizadas, más fotos, más paninos con prosciutto, más gelatos de fragola, salí para Nápoles.
Nápoles, diferente, si Italia es un caos para manejar, Nápoles es un conflicto, allá les vale todo, manejan peor que italianos. Y además, la ciudad muy insegura, cuando Marco, el dueño del hotel en el que me quedé (muy buen hotelito por cierto) vio mis cámaras y mi intención de salir a caminar por todos lados, no me dejó salir, me dijo que me iba a prestar una mochila para meter mis cámaras y me recomendó que no fuera por algunas zonas. Me dijo que sólo sacara mis cámaras de la maleta sólo cuando fuera a hacer click. Un poco estresado por esas advertencias de una persona que vive en la ciudad y conoce del índice de robos, salí a caminar; más rápido que de costumbre y no disfrute tanto la ciudad, además, si Italia es un graffiti, Nápoles es la ciudad del vandalismo. Regresé antes de anochecer al hotel, agarré una película de las muchas que Marco tenía disponibles para los huéspedes y me puse a verla en el primer cuarto con tele de plasma y dvd que he estado en mi vida. Y no estaba tan caro, e incluía desayuno, y que creen que pedía de desayunar? Claro, mi panino con prosciutto crudo. Beto me explicó que el jamón serrano es diferente al prosciutto, pero bueno, uno que no es tan docto en esos asuntos, siente que saben casi igual. Beto es un delicatessen.
Al día siguiente, además de caminar por Nápoles, me fui en tren a Pompeya (que es muy interesante) y después de regresar a Nápoles, tomé un barco para irme a Capri. Un barco como los que hacen el trayecto de Playa a Cozumel, es más, hasta tarda lo mismo. Capri me decepcionó, la isla se ha convertido en el mall de tiendas elite para europeos ricos
Encuentras las mejores marcas, los mejores diseñadores y las compras allá se miden en cientos o quizá hasta miles de euros. Salí de regreso a Nápoles en la tarde, me preocupaba tener que caminar de noche.
Regresé a Roma y tuve la oportunidad de conocer el Vaticano, es impresionante. La cola de casi tres horas para entrar a los museos vaticanos y poder ver la capilla Sixtina, no significó nada con el placer de estar allá dentro.
Los museos impecables y llenos de piezas muy interesantes. La capilla… que puedo decir, me quedé una hora sentado viendo las pinturas. Fue impresionante descubrir los miles de detalles.
Compré unos pósters en el Vaticano, mismos que mandé hace casi un mes a Mérida y aún no llegan. No confíen en la Posta italiana. Pésimo servicio, parece que te están haciendo el favor de tu vida.
Pase con Beto por el Vaticano un día que el Papa Benedicto tenía una audiencia en la Plaza de San Pedro. Aunque Beto me diga que no, ya vi y escuché al Papa en vivo.
Y así transcurrió mi experiencia italiana, palacios, plazas, arte, arquitectura, gelatos, cervezas europeas, pizzas, manejar en moto, trenes, hostales, paninos, trenes, etc. Increíble experiencia.
Salí desde Roma, del aeropuerto Fiumicino para Singapur, el Fiumicino es el aeropuerto importante de Roma.
Ahora estoy en Jaipur, otra ciudad de la India. Cuatro días después de empezar a escribir este correo.
Hice una escala en Frankfurt para cambiar de avión. En ese aeropuerto caminé uno de los pasillos más largos que he visto, y no había mucho tiempo para la conexión. Llegué a la sala de abordar y ya todo estuvo tranquilo.
El vuelo de Frankfurt a Singapur fue entretenido también, el avión tenía la tecnología de Internet inalámbrico y pues me entretuve un par de horas con mi lap. No podía creer que estaba en Internet y volando sobre Asia en ese momento. Fue hasta ahora el vuelo más largo que he hecho. Doce horas.
Llegar a Singapur significaba pisar por primera vez tierras asiáticas. Y es engañoso, ya que Singapur es todo lo contrario a la India, (por poner un ejemplo).
Singapur es en pocas palabras, la ciudad del futuro, la ciudad perfecta, la ciudad moderna, la ciudad jardín.
Hay playeras para turistas que dicen: Singapur is a fine city. En alusión no a fine de bonito, sino a fine de multas. Te multan si tiras basura, si comes o tomas algo estando en el metro, por escupir, por manejar rápido, por todo. Hay multas hasta ridículas. Está prohibido inclusive meter una fruta en especial al metro. Se llama Durian es una fruta de un olor muy penetrante.
Las estaciones de metro son demasiado limpias, y algunas impresionantes, estaciones de metro de tres o más pisos. Hasta parecen aeropuertos algunas de ellas. La gran mayoría con aire acondicionado. La gente camina como robotito. La circulación es por la izquierda, y parecen filas de hormiguitas. Además hay mucha paranoia por el terrorismo. Todas las estaciones tienen cárteles y demás para solicitar a los pasajeros que reporten cosas extrañas.
Es muy fácil caminar por la ciudad, el metro es muy simple de entender.
Singapur es también la ciudad del shopping, de los malls, de las escaleras eléctricas, de la mercadotecnia, del consumismo. Hay shopping malls en todos lados, y ya perdí la cuenta de cuantos hay. Puedes comprar lo que quieras, es el paraíso para eso. Hay varios centros comerciales subterráneos, que conectan puntos importantes de la ciudad. Demasiada tecnología. Algo que también me impresionó del país es lo siguiente: los carros tienen un lector de tarjeta tipo de débito. Todos los carros tienen ese lector. Le pones dinero a tu tarjeta, y si entras por ejemplo a un estacionamiento, un lector cobra automáticamente el dinero vía inalámbrica. Igual para entrar a algunas calles importantes del centro de la ciudad, hay unos lectores enormes colados tipo semáforos, que cobran a los coches que quieran entrar a esas calles. Es una manera de evitar que entren muchos coches al centro de la ciudad. Sería interesante implementar ese sistema en nuestro caótico centro de la ciudad.
En Singapur vive mi tío Carlos, hermano de mi mamá. Trabaja como maestro de idiomas en una escuela desde hace ya diez años o algo así. Vive con Sehap, un singapureño amigo de la familia. Excelente cocinero. En su departamento me he quedado todo el tiempo que he estado en Sing. Desde allá me fui a Kuala Lumpur en Malasia. Ese fue mi primer viaje sólo por tierras asiáticas.
Salí en tren de Sing a Kuala, fue un viaje nocturno, en un vagón con camas. Fue un poco incomodo, pero finalmente pude dormir. Nos bajamos todos del tren al salir de Singapur para checar la salida del país, y como diez minutos después, volvimos a bajar todos para registrar la entrada a Malasia.
Llegué a KL en la mañana, y con mi mapa en la mano, me fui a caminar. Tenía que comprar y conseguir mi boleto de regreso a Sing, pues al día siguiente tenía vuelo para Bangkok Tailandia. Y no fue fácil. Era un fin se semana con día feriado y muchos malayos que viven en Sing viajaron a su país. No había ni trenes ni camiones con cupo disponible. Me di cuenta que en la estación de camiones, todos te querían vender boletos para esa misma hora o la hora siguiente, pero nadie tenía boletos para la noche. Me imaginé que era sólo un truco para vender boletos y me fui caminando a las torres Petronas. Quizá el símbolo más conocido de Malasia. Es un edificio impresionante. La altura, el estilo de arquitectura, las dos torres gemelas, todo. Después de conocer las torres y enterarme que ya no podía subir a turistear en ellas (ya que sólo dejaban subir a la gente de 7 a 10 AM, me regresé a la estación de camiones, ya que empezó a preocuparme la idea de no tener boleto para regresar a Sing. Conseguí uno para las doce de la noche y ya más tranquilo, con mi boleto, regresé a seguir conociendo la ciudad. Fui a algunos edificios interesantes y al barrio chino, un paraíso de las falsificaciones, relojes, marcas de ropa, perfumes, películas, todo. En Malasia usan los Ringgits, esa es la moneda, no me acuerdo cual es el tipo de cambo respecto a nuestro peso, pero está más devaluado. Además Malasia no es caro.
Regresé por la tarde a las torres Petronas ya que quería hacer fotos nocturnas de las torres, pero estaba lloviendo. Maté el tiempo en el centro comercial que está debajo de las torres. Enorme el maldito shopping mall. Eran cinco o seis pisos de tiendas. Finalmente dejó de llover y me puse a tomar fotos. Creo que salieron bien, ya las verán en menos de 10 días en mi página.
Me fui a la estación de camiones y empezó la aventura. Una estación en donde no hay nada en inglés, todo está en malayo. Llenísima de gente, muy mal organizada y bastante sucia.
El camión se retraso más de una hora y fue un poco caótico lograr entender las instrucciones de los andenes y número de camión. Además, un calor húmedo insoportable. En Asia hay demasiado calor, más o menos igual que en Mérida, pero mucho más húmedo.
El camión salió como a las dos de la mañana. Al salir del país, el tipo de migración, se puso medio pesado, me pidió que declarara todo el dinero que llevaba, dólares singapureños, dólares gringos, ringgits, etc. Subimos al camión y como veinte minutos después, bajamos nuevamente para entrar a Singapur. Todo tranquilidad nuevamente. En Singapur son muy amables y usan mucho el sentido común, por lo menos en migración.
Entré a Sing, agarré un camión, el camión me dejó en una estación de metro o mejor conocida como “MRT” (massive rapid transport), y llegué a casa nuevamente. Terminó mi aventura malaya.
Olvidé contar, que cuando estuve en la estación de camiones de Kuala, me intentaron abrir el estuche de una de mis cámaras que llevo en la espalda. Me di cuenta y no hubo problema. No me sentí muy seguro en ese país, mucha gente se me quedaba viendo. Dicen mis guías de viaje lonely planet, que un turista viajando sólo, es siempre muy atractivo para los ladrones y muchas veces una presa fácil.
Bueno, como contaba, llegué a Sing, me bañé y preparé mi maleta, ya que mi avión para Bangkok salía como a la 1 ó 2 de la tarde, no recuerdo bien.
Me fui al aeropuerto Changi, el mejor aeropuerto en el que he estado. Los singapureños dicen que es el mejor del mundo, y quizá tengan razón. Basta decir que tiene cascadas, orquídeas, sala de cine, organizan tours para gente que tiene más de cinco horas de conexión y espera, etc.
Cada sala de espera tiene su propia revisión de seguridad, o sea, no entras a seguridad como en los demás aeropuertos, es hasta que entras a tu sala hasta que te revisan.
Volé a Bangkok por la línea Air Asia, es como la línea Easy jet de Europa, vuelo de bajo costo, te venden las bebidas y comidas en el avión, y por lo general te transportan en camioncitos para llegar a los aviones.
Llegué a Bangkok y tuve la oportunidad que un taxi del hotel me fuera a buscar, pero lo rechacé porque me pedían 800 baths (la moneda de Tailandia).
Continuará 1.